UNA CAPA CON SUPERPODERES

 

 

 

Vamos a arrancar la semana aprendiendo sobre uno de los aspectos básicos y fundamentales sobre nuestra rostro  y que, si aprendemos a implementarlo, podemos mejorar la calidad y hasta cambiar nuestro tipo de piel (¡de verdad!).

Les presento el manto hidrolipídico. Es una mezcla de sebo y sudor que recubre la parte exterior de la epidermis. El sebo es producido por  las glándulas sebáceas y, el sudor, por las  sudoríparas. Una vez en la superficie, se forma esta “crema” natural que cumple funciones muy importantes.

En primer lugar, este "manto" es el encargado de determinar nuestro tipo de piel. Dato: las pieles normales tienen un equilibrio de agua y grasa; las pieles secas tienen más agua que grasa, y las grasas tienen un exceso de sebo Vs. agua.

Otra de las funciones fundamentales de esta capa es la protección que genera su PH. Suele tener un PH ácido, que ayuda a combatir las bacterias y microbios que quieren ingresar a nuestro organismo.
Para poder cuidar nuestro manto hidrolipídico que, como ven, es súper importante para determinar la calidad de la piel, es clave utilizar los productos de limpieza adecuados.

¿Qué pasa si no lo cuidamos? La piel queda comprometida, más expuesta y vulnerable a los factores externos, como la contaminación, la suciedad o el Sol. Esto, entre otras cosas, puede desencadenar brotes de acné o sensibilidad.

La mayoría de las personas suelen usar geles de limpieza que generan espuma, porque sienten que es la única forma de que su piel quede limpia. Mientras más tirante, más limpia está. ¡Error! Los geles causan deshidratación, ya que su PH suele ser mayor al de la piel y terminan quebrando nuestro manto hidrolipídico. Así, generan deshidratación. Sólo es recomendable en pieles con un acné profundo, que necesitan de los geles para regular el exceso de sebo. Además, suelen tener Sodium laureth sulfate, ingrediente que, está probado, es nocivo para la salud.

Otro de los errores que vemos habitualmente es el exceso de limpieza. Esto también altera el balance del manto hidrolipídico. Lo ideal es lavarse la cara sólo por las noches. Por la mañana podemos enjuagar 10 veces el rosto con agua fría, y luego limpiarnos con una toalla limpia o un paño de papel. Paso siguiente, tonificiamos, hidratamos y aplicamos el protector solar. Con eso están perfectas, salvo que tengan la piel muy grasa y necesiten limpiar nuevamente, pero les rogamos que prueben hacer esto durante dos semanas. ¡No van a poder creer los resultados!

EL A-B-C DEL CUIDADO
Lo ideal es limpiarnos la cara con emulsiones. Son productos cosméticos de limpieza que tienen una base acuosa y otra oleosa. Es lo más parecido a nuestro propio manto hidrolipídico. Este tipo de productos lo respetan y además son ideales, porque no son abrasivos y permiten barrer con impurezas dejándola suave.

Por supuesto, nosotros les vamos a recomendar nuestro Purifying Cleanser, que es una emulsión liviana, y que, gracias a nuestra tecnología aplicada, simula ser un gel, sin serlo. Sus aceites orgánicos actúan sobre la piel, dejándola limpia y suave, y nunca tirante. Y, como toda nuestra línea, no contiene ingredientes tóxicos.

Otros productos clave son los tónicos, que ayudan a nivelar el PH. Lo ideal es que, además de tonificar, aporten hidratación. Es fundamental que no contengan alcohol. Si lo hacen, perjudican.

Tomar agua es otro factor que ayuda a regularlo. Siempre el agua es bienvenida para tener la piel hidratada.

Por último, ADIÓS a la exfoliación con agentes manuales. No recomendamos utilizar exfoliantes agresivos ni cepillos, ni máquinas de limpieza, dado que también son perjudiciales. 

¡Después nos cuentan!
¡Nos vemos!
 

 

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